Educación o adoctrinamiento: la disputa por los contenidos en las escuelas y universidades. (Análisis crítico del avance de la ideología progresista en el sistema educativo)

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Fernando Doti

Consejo Internacional de Fundación Faro

La educación, tal y como existe en nuestros países, es aquella que impone el Estado a través de una currícula oficial: obligatoria, supuestamente gratuita y laica. Su origen se remonta al último cuarto del siglo XIX, con la consolidación de sistemas estatales que pretendían uniformar la formación de los ciudadanos.

En Uruguay, este proceso comenzó con la reforma vareliana, en un contexto de instituciones débiles y marcadas divisiones sociales.

*Fuente: https://cn7noticias.com/el-gobierno-buscara-modificar-la-ley-de-educacion-para-penar-el-adoctrinamiento-escolar/

La reforma vareliana y los orígenes de la educación estatal

En 1868, José Pedro Varela, junto con Elbio Fernández y Carlos María Ramírez, formó parte de la Sociedad de Amigos de la Educación Popular, una agrupación que buscaba generar un cambio cultural profundo a través de la educación.

El joven Varela, tras regresar de un viaje por Europa y Estados Unidos, quedó impactado por el modelo educativo estadounidense y sus posibilidades de movilidad social.

“La cuestión de la educación popular es, pues, vital en los Estados Unidos.
Franklin, Clay y Webster eran hijos de trabajadores. Andrew Jackson y Abraham Lincoln pertenecían a la clase plebeya… En nuestras tierras, esos hombres hubieran vivido en la oscuridad sofocados por la capa de plomo de la ignorancia. Para las monarquías, la educación del pueblo no es una necesidad vital… Pero en los Estados Unidos… todo ciudadano puede aspirar a dirigir el destino de su país; por eso es necesario que todos aprendan no solo a leer y escribir, sino a pensar.”

(Carta de Varela, Nueva York, 1° de febrero de 1868)

Inspirado por esa experiencia, Varela emprendió la “quijotada” de transformar el sistema educativo en Uruguay, impulsando la creación de escuelas laicas y gratuitas. La primera fue el colegio Elbio Fernández, en Montevideo, seguido por experiencias similares en Nueva Palmira, Durazno y Paysandú.

Estos centros innovaron en programas, métodos y materiales. Incluso introdujeron novedades para la época como la educación mixta (varones y niñas juntos) y la creación de bibliotecas populares.

Sin embargo, el tiempo demostraría que el ideal de una educación plural y libre pronto sería absorbido por el aparato estatal, perdiendo la esencia original de la propuesta vareliana.

El fracaso de la educación pública impuesta por el Estado

Con el paso del tiempo, la idea de una educación popular y libre terminó transformándose en un sistema estatal obligatorio, dirigido por los políticos de turno.

El Estado, en lugar de garantizar diversidad y calidad, consolidó un modelo centralizado y burocrático.

“Lo que existe no es educación pública, sino educación estatal: el imperio de las botas, que inevitablemente ha fracasado.”

Los resultados son elocuentes: en Uruguay, el 80% de los estudiantes de secundaria no tienen comprensión lectora. Este dato por sí solo refleja el colapso de un sistema que, pese a su aparente gratuidad, no logra cumplir con su objetivo esencial: formar ciudadanos capaces de pensar críticamente.

La educación estatal se vuelve dependiente de los vaivenes de la política, generando problemas de corrupción, paros docentes, burocracia, baja asiduidad y pérdida de calidad.

“La responsabilidad de educar es de los padres, no del Estado.
Son ellos quienes conocen mejor a sus hijos y quienes deberían elegir la mejor educación para cada uno.”

El desafío del conocimiento en la era digital

El mundo ha cambiado radicalmente desde la época de Varela. Hoy el conocimiento ya no está limitado al aula ni depende exclusivamente de un profesor con un pizarrón detrás.

Las tecnologías digitales permiten que cualquier persona, incluso un niño, tenga acceso inmediato a contenidos de calidad en internet.

“El problema del futuro es que llega demasiado rápido.”
(Albert Einstein)

La tarea principal de la educación actual no debería ser imponer una currícula rígida, sino ayudar a cada persona a descubrir y desarrollar su propio potencial.

La educación debe concebirse como un proceso abierto, de constante descubrimiento, en el que los padres, y no el Estado, acompañen la formación de sus hijos según sus talentos y necesidades.

La intromisión estatal y los casos recientes en Uruguay

En los últimos años, varios hechos han puesto de manifiesto hasta qué punto el Estado pretende monopolizar la educación, incluso en contra de la voluntad de los padres.

Un caso emblemático ocurrió en 2023, cuando la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) inició un proceso judicial contra una comunidad menonita en Florida, Uruguay. La acusación: 11 niños no asistían a centros educativos públicos ni privados.

Sin embargo, los padres demostraron que sus hijos recibían instrucción a través de dos educadores y cursaban en un colegio de Estados Unidos (Face Primary Army).

La justicia civil desestimó el reclamo de la ANEP, reconociendo el derecho de los padres a apartarse de la educación estatal.

Este episodio muestra el choque entre la visión estatal de la educación y el derecho fundamental de las familias a elegir cómo y dónde formar a sus hijos.

Tal como afirma el profesor Benegas Lynch, llamar “educación pública” a la educación estatal es engañoso:

“Se la denomina pública porque suena mejor al oído, pero en los hechos es simplemente educación estatal. Es la política la que impone qué se enseña, con qué visión histórica y bajo qué valores.”

Adoctrinamiento en los contenidos educativos

El problema de fondo no es solo la estructura estatal de la educación, sino también los contenidos que se transmiten.

En múltiples textos de estudio se observan sesgos ideológicos que distorsionan la historia y presentan la realidad desde una óptica parcial.

Un ejemplo claro es el libro Historia Económica y Social del Uruguay 1870-2000, editado por Santillana. Allí se afirma que el neoliberalismo fue aplicado en Uruguay durante la dictadura y los gobiernos tradicionales posteriores, calificándolos como “dudosamente democráticos”.

Estas afirmaciones carecen de sustento académico y evidencian un ataque directo a la laicidad y a la objetividad educativa.

La situación no se limita a la educación secundaria. También en la universidad aparecen materiales con una fuerte carga ideológica. El libro Economía Política. Cartilla de Formación (Universidad de la República, 2015) presenta al capitalismo como generador inevitable de pobreza, mezclando conceptos de desigualdad con miseria, y defendiendo postulados marxistas ya superados en el campo de la ciencia económica.

El adoctrinamiento en el aula es un atentado contra el libre pensamiento. La educación debería formar mentes críticas, no replicar relatos políticos.

Ejemplos internacionales y reflexiones finales

El problema del adoctrinamiento no es exclusivo de Uruguay: se repite en toda Latinoamérica y en muchas partes del mundo.

En países como Cuba, Venezuela o la China de Mao, se alcanzó una igualdad absoluta… pero en la miseria. Allí la educación se convirtió en una herramienta al servicio del poder político, anulando la libertad de pensamiento.

“No podemos estar a merced de los gobernantes de turno y de sus intenciones en algo tan sagrado como la educación de nuestros hijos.”

La historia demuestra que algunos de los mayores genios de la humanidad, como Leonardo da Vinci, fueron autodidactas. Da Vinci nunca asistió a la escuela formal y se definía como “un discípulo de la experiencia”.

“Soy plenamente consciente de que, al no ser un hombre de letras, algunos pueden reprocharme. ¡Necios! La experiencia importa más que las palabras ajenas.”
(Leonardo da Vinci)

La enseñanza formal no es sinónimo de conocimiento ni de talento. El verdadero aprendizaje surge de la libertad de investigar, experimentar y pensar por uno mismo.

Conclusión: hacia una educación libre

La educación estatal, presentada como “gratuita” y “pública”, en realidad tiene un costo elevado: se financia con impuestos que pagan incluso los más humildes. Este modelo obliga a quienes optan por la educación privada a pagar dos veces: por la de sus hijos y por la de quienes asisten a la educación estatal.

“No existe tal cosa como un almuerzo gratis: alguien siempre paga la cuenta.”

La supuesta gratuidad es, en realidad, un privilegio financiado de forma coactiva. Esto genera profundas injusticias sociales y económicas.

El Estado nada tiene que hacer en la educación. Su rol no debe ser dirigir ni uniformar, sino garantizar que cada familia pueda decidir libremente cómo educar a sus hijos.

“La educación debe ser libre. La elección debe ser de cada uno.”

El adoctrinamiento y la imposición estatal atentan contra la creatividad, la diversidad y el pensamiento crítico. Solo una educación libre y plural puede preparar a los ciudadanos para los desafíos del futuro.

 


Referencias

  1. Varela, José Pedro. Impresiones de viaje en Europa y América. Ed. Santillana, 2014.

  2. Traversoni, A. Historia del Uruguay y de América. Tomo II. Ed. Kapelusz.

  3. El Observador. El 80% de los estudiantes de 3º de liceo no comprende los textos que lee. 2020.

  4. Montecarlo, Radio. Libro para liceales afirma que el neoliberalismo se aplicó en Uruguay en dictadura y gobiernos blancos y colorados. 2015.

  5. Correo de los Viernes. Historia económica y social del Uruguay 1870-2000.

  6. Universidad de la República. Economía Política. Cartilla de Formación. Extensión Universitaria, 2015.

  7. Isaacson, W. Leonardo da Vinci. La biografía. Debate, 2018.

  8. Rothbard, Murray. Hacia una nueva libertad. Unión Editorial, 2013.